Óleo (60 x 73 cm)

Perfil reforzado


El tornillo aprieta a la pletina de acero
sobre el rostro limpio de la joven
que no necesita cirugía ni calmantes fármacos.
No está herida,
solo tocada por la belleza de una luz cegante.
Cree y sueña con páramos de ocres fundidos.
Detrás, en el fondo impenetrable,
las fuertes ráfagas de la espátula,
inventan colores iridiscentes no clasificados.
Pepe Bornoy







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